Que baje Dios, lo vea y dé un golpe de Estado
Una mujer de 27 años, madre de cuatro niños pequeños y embarazada del quinto, ingresa en un hospital con complicaciones. Serias complicaciones. Los médicos lo tienen claro: o aborta o sus posibilidades de morir son casi del cien por cien, por supuesto llevándose al feto por delante. Con todo el dolor de su corazón la paciente accede a abortar. Pero resulta que estamos en un hospital católico de Estados Unidos, que no contempla el aborto ni siquiera en caso de violación o incesto. Y la intervención es tan urgente que no se puede soñar ni en cambiar de hospital.
¿Qué hacer? Llaman a la hermana Margaret McBride, administradora del hospital y enlace del mismo con la diócesis católica de Phoenix, Arizona (patria chica de los McCain). Confrontada con el brutal dilema, la hermana Margaret da luz verde al aborto. Los médicos proceden. La madre sobrevive. El obispo de Phoenix excomulga a la hermana Margaret.
No creo que la perspectiva de la excomunión quite el sueño a muchos lectores de cuartopoder. Pero para un católico creyente, practicante y no digamos liberado como es una monja, no hay castigo peor. Sin duda es preferible a la Inquisición, la hoguera, etc. Pero es el equivalente de que en el mundo laico te deje el marido o te echen del trabajo. O las dos cosas a la vez. Es un castigo tan serio que no se aplica ni a los curas pederastas.
Que ahí está precisamente el lío. En Estados Unidos -bueno, y supongo que en Murcia- ha causado consternación que a un cura que abusa de niños simplemente le cambien de diócesis y le manden a terapia, y que a una monja la excomulguen por tomar una decisión extrema para salvar una vida humana. Y para no dejar huérfanos de madre a cuatro niños pequeños, dicho sea de paso.
¿Tiene sentido tanto rigor con la hermana Margaret? El obispo de Phoenix insinúa una posibilidad de indulgencia y de perdón si esta religiosa se confiesa y se arrepiente. Valiente cretinada la del señor obispo, con perdón. ¿De verdad se cree que ella no está arrepentida? ¿Que no lo estaba antes de empezar?
¿Qué se cree este señor que es el aborto, un deporte? ¿Un vicio? ¿Turismo de aventura? Abortar es algo espeluznante y extremo que nadie hace por gusto. Es un acto que nadie se perdona. Es como haber inventado la bomba atómica. No es imprescindible creer en Dios para horrorizarse. Basta con tener dos dedos de frente. Basta con estar viva.
Aquí la cuestión no es si la hermana Margaret se arrepiente. La cuestión es si volvería a hacer lo mismo. Y yo creo que sí. Y con ella todo Dios, literalmente.
Todo Dios menos el obispo. ¿Porque es un radical, porque es un carca, o por algo más, con perdón, diabólico? ¿Tiene este obispo en particular o la Iglesia Católica americana en general una agenda oculta? ¿Temen que "abrir la mano" con el tema del aborto -en Estados Unidos todavía asesinan a médicos abortistas- debilite su autoridad, ya muy mermada por la epidemia de casos de pederastia antes mencionada? ¿Temen que la hermana Margaret sea una agente infiltrada de la reforma sanitaria de Obama, esa a la que la gran curia católica de Estados Unidos se ha opuesto, mientras la defendía una modesta muchedumbre de monjas y médicos de los hospitales católicos, la gente que está en primera línea de la vida y de la muerte, gente como la hermana Margaret?
A veces no se entiende a qué esperan algunos para bajar y dar un golpe de Estado: Dios, You Can!
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