Hay que ir de vivo a San Andrés
Cedeira cuenta con dos de los mayores atractivos turísticos de Galicia
San Andrés de Teixido y los acantilados de Herbeira son dos lugares que cualquier amante de lo bello debería incluir en su lista de visitas. Ubicados en el Concello de Cedeira, tanto el pequeño pueblo como los precipicios son frecuentados por innumerables personas a lo largo de todo el año que quieren admirar estas dos maravillas de Galicia.
Cuenta la leyenda que aquel que no visite San Andrés de Teixido en vida, lo hará una vez muerto. Existen diversas versiones sobre el origen de estas supersticiones, pero en cualquier caso el santuario es un lugar muy frecuentado por gente de todos los puntos de España. El pequeño monasterio, la fuente de los tres caños, los acantilados, el mar, todo se funde en un paraje lleno de belleza y tradición.
Uno de los motivos para visitar el pueblo es el religioso. La pequeña capilla tiene sus orígenes en el siglo XII, aunque el edificio actual es de unos cuatro siglos más tarde. Es un lugar de peregrinación donde los devotos van a venerar al Santo.
Vicente Bretal es el cura responsable de la iglesia de San Andrés, donde lleva años en el oficio. «Este es un santuario muy popular», cuenta, «la gente viene a dar las gracias al Santo».
Pero son sin duda los otros aspectos los que hacen de San Andrés de Teixido un lugar especial. Supersticiones -«vai de morto quen non foi de vivo»-, folclore, y un entorno incomparable atraen a miles de turistas a este santuario.
Puestos de recuerdos pueblan la bajada a la ermita. Figuritas hechas a mano, camisetas, miel, o las famosas rosquillas de San Andrés son algunas de las cosas que se pueden encontrar en el lugar. Más abajo, la fuente de los tres caños, un riachuelo y un campo que desciende vertiginosamente a las preciosas vistas de los acantilados ponen la guinda a una visita que no deja indiferente a nadie.
Más allá de San Andrés, continuando por la carretera que está siendo remodelada para mejorar los accesos, está la Garita de Herbeira. La antigua construcción corona unos acantilados que con 620 metros de caída al mar son los más altos de Europa.
Antaño una garita de vigía, la caseta de piedra se erige hoy oscura y húmeda, envuelta en una frecuente niebla que cubre todo con un manto de misterio, aunque fuera de él brille un día soleado como el de ayer. Pasear en un día de niebla cerrada en lo alto de Herbeira, aunque no se vea más allá de unos pasos, es una sensación que debería probarse al menos una vez.
Cuando la nube se disipa, se abre ante los ojos un paisaje incomparable. El mar rompe en las rocas, lugar de cría del mejor percebe del mundo, y una sensación de no querer irse nunca de Cedeira envuelven a cualquiera como la niebla más espesa.
«Este es un santuario muy popular. La belleza del entorno y el mar hacen el resto»
Vicente Bretal Sande
«San Andrés tiene mucho encanto: la iglesia, el paraje... venimos cada vez que podemos»
Sagrario
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